Hemos escuchado decir a algunos referentes del turismo panameño que el problema más urgente por resolver en este pujante sector económico, es el bajo porcentaje de ocupación en que se encuentran actualmente los hoteles de la Ciudad de Panamá y que la solución será la construcción y puesta en marcha del nuevo Centro de Convenciones de Amador.

Hemos sido testigos del gran entusiasmo con que las autoridades abordan el tema de las Convenciones y eso nos alienta. El turismo panameño ha crecido sostenidamente los últimos 25 años, generando grandes riquezas y miles de empleos. No obstante, pensamos que las habitaciones vacías no son el problema, sino una consecuencia del mismo.

Paralelamente a la inversión millonaria que supone el nuevo Centro de Convenciones es muy importante identificar las verdaderas causas de la baja y mediana ocupación hotelera.

Todos sabemos que Panamá es un país privilegiado, porque cuenta con una gran variedad de atractivos turísticos naturales y culturales a lo largo y ancho de todo el territorio nacional. No voy a usar este espacio para enumerarlos, pero sí para compartirles nuestra visión de que si esos atractivos los convertimos en “productos turísticos”, tendremos un destino de clase mundial que generará mucho mayor interés y el deseo de muchísima gente alrededor del mundo por visitarnos y por supuesto por ocupar durante todo el año las habitaciones vacías de los hoteles de la Ciudad de Panamá y el interior del país.

Será entonces, cuando las grandes corporaciones y gremios profesionales considerarán a Panamá como destino de convenciones y programas masivos de incentivos.

Tenemos que unir esfuerzos y voluntades, la empresa privada, las instituciones de gobierno y las comunidades visitadas por los turistas, para compartir una verdadera “cultura turístmica”.

Ojo, digo “turístmica” porque a la vez que le inculcamos al panameño la pasión de servir, tenemos que hacerlos partícipes de la puesta en valor de nuestros atractivos a través de todo el istmo, para que a partir de ellos podamos facturarle una mayor cantidad y variedad de productos y servicios turísticos a los visitantes.

En múltiples ocasiones he dicho que Panamá debería ser considerada como un Parque Turístico Multitemático y Pluri Etnico, porque tenemos atractivos en demasía, pero nosotros mismos no nos lo creemos.

Pongamos algunos ejemplos:

En Orlando, Florida hay un famoso Parque de Diversiones que presenta una interesante muestra de la fauna del mundo marino. Tiene como quince piscinas con toda clase de animales y hasta un congelador gigante con pingüinos. Es visitado por millones de turistas al año que generan empleo y riqueza para miles de personas

Panamá, en paralelo, es uno de los pocos países en el mundo bordeado por dos mares, cuenta con una variedad extraordinaria de fauna marina. No de gratis, científicos del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI por sus siglas en inglés), han creado el acuario virtual más grande del mundo. Si bien no tenemos pingüinos; muy cerca de nuestras islas y costas (Golfo de Chiriquí, Pedasí, Coiba, Archipiélago de Las Perlas y Bahía Piñas en el Darién) podemos observar una gran variedad de especies marinas; tiburones, delfines y ballenas; realizar pesca deportiva del más alto nivel, y todo esto en su entorno natural, sin necesidad de mantener animales cautivos, con el mayor respeto al ecosistema y los criterios de sostenibilidad. Aquí vale la pena reconocer el grandioso trabajo que realiza la Fundación Mar Viva, entre otras.

De toda esta riqueza natural, es muy poco lo que se factura a los visitantes, porque no se han creado productos y servicios para aprovecharla.

En Orlando, hay otro famoso atractivo que además de generar muchísimo interés de los visitantes, ha sido tema de una muy exitosa saga de producciones cinematográficas. Me refiero a los Piratas del Caribe, un producto situado en un lugar donde nunca hubo marineros ni buques, pero que con voluntad creativa ha logrado despertar la atención y deseo de grandes y chicos.

Panamá, por su parte, ha sufrido a piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros a lo largo de toda su historia a partir del siglo XVI. Y es que luego de los ataques de Francis Drake y Henry Morgan (con casi 150 años de diferencia) y luego del nombramiento del último como Vice Gobernador de Jamaica, cientos de estos personajes se movieron a las Costas del Pacífico Panameño a “coger los mangos bajitos”, atacando a los conquistadores que cual “corsarios españoles” saqueaban las riquezas de nuestros pueblos indígenas.

La Bahía de Portobelo, El Fuerte de San Lorenzo, los Caminos Real y de Cruces, las Islas Naos, Perico, Flamenco y Taboga, y por supuesto, la propia Ciudad de Panamá, guardan tesoros históricos que no hemos sabido mostrar, poner en valor y mercadear como tema de interés para aumentar la cantidad de visitantes y su estadía promedio en nuestro país.

MAS PRODUCTOS, MAS TURISTAS, MENOS HABITACIONES VACIAS… MAS RIQUEZA PARA EL PAIS!

Alberto Quirós Jaén